Se descubre el uso del grano en Abisinia (Etiopía) alrededor del año 900 D.C.

Pasa a Yemen y Arabia, y debido a los viajes de los peregrinos musulmanes a la Meca es llevado a la India y Ceylan. Siglo XVII.

Los holandeses lo llevan a la Isla de Java y a invernaderos en Holanda a principios del siglo XVIII.

Francia lo trae a América a su colonia Martinica en 1720, luego pasa a Brasil, Colombia y Centroamérica.

Posiblemente llega a Costa Rica en 1830 y a Nicaragua en 1840.

Se reporta que para 1845 un estudiante nicaragüense de nombre Manuel Matus sembró café, traído por él de Guatemala, en la finca de su padre La Ceiba cerca de Diriamba.

En 1848 el escritor y explorador, George Squier encuentra que en Nicaragua se tomaba regularmente.

LLEGA A MATAGALPA

Por el año 1852 llegó a Greytown (San Juan del Norte), una pareja de alemanes compuesta por Ludwig (Luis) Elster y su esposa Kaherina Braun, cruzaron el Istmo por el Río San Juan y el Lago de Nicaragua y el estrcho de Rivas.

Estando en San Juan del Sur esperaban tomar el barco que lo llevaría a California donde se dirigían atraídos por la fiebre del oro, se encontraron más bien con norteamericanos que venían de regreso hacia Nueva York, quienes les dieron a conocer que ya la fiebre del oro había pasado y no se encontraba más oro en California. Entonces don Luis un poco decepcionado y no queriendo regresar a su país con las manos vacías, se informó con los nicaragüenses donde podría buscar oro en Nicaragua. Estos le dijeron que al norte, cerca de Matagalpa, se decía que había oro.

Allá se dirigió Luis y su esposa hacia San Ramón, donde compraron tierras a los indios y fundaron su hacienda «La Lima», don Luis extrajo oro pero no en cantidades que ameritara. Se pusieron pues a sembrar café de semillas que consiguió don Luis en sus viajes a caballo a Managua. Fue agradable su sorpresa cuando los arbustos crecieron al notar que el grano era más grande que los del Pacifico, además más aromático y ácidos.

El Sr. Elster, sacaba los granos maduros al sol y así secos los exportaba a Alemania donde los trillaban. El transporte no era económico porque ocupaban mucho bulto, además el sabor se veía afectado; pensó entonces en remover la cáscara roja, e ideó unos cilindros despulpadores.

En 1891 llegó de Alemania Otto Kühl, este le desarrolló a Elster una máquina despulpadora que eran unos cilindros con unas cabezas de tornillos que removían la pulpa (cáscara), posteriormente descubrieron que la sustancia gelatinosa que cubría el grano despulpado podía ser removida mas fácilmente si se dejaba fermetar los granos durante unas 36 horas, entonces se lavaba con agua limpia, quedó lo que llamamos café pergamino lavado, así nació lo que ahora es conocido mundialmente como «Café Lavado Matagalpa».

Para 1888 habían llegado a Matagalpa, invitados por el gobierno para desarrollar el cultivo de café, varios jóvenes alemanes, ingleses y americanos. Después de Luis Elster, el que sembró café en gran estilo, según Don Alberto Vogl en sus memorias, fue don Wilhelm (Guillermo) Jericho, quien fundó la hacienda Rosa de Jericho cerca de San Ramón, que ahora pertenece a los Montealegre.

Nacieron así fincas de café que todavía existen: Hammonia (Hamburgo) de Hans Bosche, Bavaria de Alberto Vogl, Algovia (Algau) de Alfredo Maier, Alsacia de Otto Kuhl, Sajonia de Bruno Mierisch, Washington de Jack Sweeter, Milwakee, Trentino (Trento) de los Vita, etc.

El café ya lavado adquirió precios favorables en Europa, se exportaba a los puertos de Bremen, Hamburgo y Trieste.

Posteriormente para 1912 se empezó a trillar aquí en Nicaragua en vez de hacerlo en el país comprador.

El secamiento se hacía al sol en zarandas de madera y después en bodegas bien ventiladas con pisos de madera, donde hombres con palas de madera lo estaban removiendo continuamente para terminar de secarlo y evitar que se calentara internamente. Luego se instalaron secadoras «tipo guardiola» en los beneficios secos cerca de la ciudad de Matagalpa, como Caley Dagnall, Esquivel, etc. los cuales calentaban el aire con horno de leña.

Posteriormente se comenzaron a construir beneficios secos entre Matagalpa y Sébaco, a orillas de la carretera a Managua. Estos aprovechaban el sol que en esa región se da todo el año. Construyeron patios de concreto afinado donde secaban el café, además lo trillaban, clasificaban y exportaban. Asi se hace hasta esta fecha.

El primero en usar láminas de plástico negro a partir de 1960 para secar café, fue don Alfonso Eger, en su beneficio Kokomo, práctica que ahora se ha extendido por su economía, lo cual no es muy recomedable para café de calidad porque el café puede sobre-secarse o caerse a la tierra tomando malos olores.

El número actual de beneficios húmedos en Nicaragua pueden andar por los 1000 y beneficios secos alrededor de 50. Solamente entre Matagalpa y Sébaco existen 35 beneficios secos, algunos de estos tienen secadoras tipo «guardiola» con hornos de quemar cascarilla, otros con quemadores de diesel, estos últimos en Jinotega.